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Asociación cultural

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2013 - Funcionamiento asociativo, toma de decisiones, colaboradores, etc.

(2 de mayo de 2013)

A lo largo de este año se han evidenciado ciertos problemas en varios aspectos de la vida interna de Ágora. Como siempre, queremos tomarlos como una oportunidad de aprendizaje, y los que estamos implicados en el proceso de Ágora estamos ahí para hacer frente a ello.

Escribo estas líneas para aportar ciertas respuestas al respecto y plantear ciertas preguntas. ¡Gracias por vuestras sugerencias al respecto!. Y ¡ojala consigamos en el futuro no repetir los mismos errores!


 

Sobre el funcionamiento asociativo de Ágora

Es cierto que Ágora desde sus inicios nunca eligió regirse en la experiencia cotidiana según el modelo asociativo tradicional, pese a tener una existencia legal en forma de asociación cultural.

Hoy en día, después de 13 años, seguimos en esta línea peculiar que privilegia el aspecto humano sobre el aspecto formal sin negar este último y que se encuentra expresada en el documento “Visión de Ágora” colgado en la página web (http://www.circuloagora.com/agora-2013/nuestra-vision).

En este modelo un poco atípico que refleja bastante la sensibilidad de los que participan en Ágora, buscamos a lo largo de los años un modo de funcionar que concilie apertura y orden. Es propiamente la aventura en la que se encuentra implicado el actual equipo organizativo.


Sobre la toma de decisiones en Ágora

Personalmente, he reflexionado mucho sobre el concepto de estructura, - y presentado en el pasado numerosos esquemas que buscaban tanto responder a la situación real como anticiparla -.

Ahora, lo que más me interesa plantear es una cuestión práctica: en Ágora, ¿quién toma las decisiones?

La respuesta es delicada, porque habría que distinguir entre decisiones de ámbito estratégico y ámbito operativo, esto es, entre decisiones que están fuertemente ligadas a la visión y otras que realizan la misión en el día a día.

En lo que respecta a las decisiones de ámbito estratégico, quien tomó la casi totalidad de las decisiones hasta ahora he sido yo, con mis aciertos y mis errores, de la misma manera que escribí yo también los textos relativos a la idea Ágora, la visión, la misión y la estructura. En el ámbito operativo, las decisiones se han repartido entre las personas que llevaron las varias tareas de funcionamiento.

En la actualidad, las decisiones se toman desde el actual “equipo de trabajo”. En su seno, nos repartimos las decisiones en función de su relevancia: o bien decidimos por consenso, o bien cada persona se responsabiliza de un área determinada. Estamos también mejorando la comunicación de esas decisiones, para que haya mayor transparencia y participación en ellas.

Agradecemos mucho a las personas que nos expresan su descontento ante ciertas decisiones tomadas en Ágora, pero también les pedimos que acudan a las reuniones abiertas que convocamos varias veces en el año (en 2013, hubo un fin de semana en enero y 2 reuniones en febrero), o que entren a formar parte del equipo organizativo, abierto a quien quiere participar ahí.

Sobre los colaboradores en Ágora (monitores, organizadores, socios)

La idea de Ágora se fundamenta sobre la igualdad entre sus integrantes, esto es, cada uno aporta según sus talentos, aspiraciones y necesidades, sea cual sea la manera de su aportación.

Los monitores son unas personas clave en la vida de Ágora, porque aportan sus conocimientos y habilidades al servicio del grupo, contribuyendo de esta manera a elevar el nivel de calidad de lo que se vive.

Pero, a la diferencia de otras entidades como escuelas o academias, no tienen un estatuto privilegiado. No están retribuidos, e incluso pagan sus gastos.

Conviene clarificar estos 2 puntos clave, que coexisten y son totalmente compatibles:

Primero, valoramos especialmente la aportación de los monitores, reconocemos su profesionalidad, agradecimos sus competencias y aprendemos de su excelencia.

Al mismo tiempo, mantenemos la igualdad entre participantes, monitores y organizadores, que es la base del propósito de Ágora: crear un círculo de armonía generado entre todos sus integrantes.

De ahí que no distinguimos entre monitores profesionales y monitores no profesionales, salvo para clasificar las actividades según criterios objetivos destinados a orientar las personas a la hora de elegir una actividad u otra. La base común de ambos monitores es su compromiso tanto con la propuesta de actividades serias y que buscan la calidad como en el respeto de las pautas que garantizan la cohesión grupal.

Otra consecuencia es que en Ágora no hay exclusividad para un monitor o una materia, esto es, pueden dos monitores impartir un mismo taller sin que resulte un problema, siempre y cuando haya respeto y trato humano en la convivencia y que no entorpezca la realización práctica de dichas actividades. Partimos de la idea que dos propuestas no compiten entre ellas, y que más bien enriquecen al círculo.

Conviene distinguir, más que en el pasado, entre monitores estables y monitores esporádicos. Los primeros adquieren un compromiso mayor con Ágora, entran a apoyar el crecimiento del círculo; los segundos, ya sea porque acaban de llegar, ya sea porque sus preferencias personales se lo indican, aportan en Ágora sin formalizar un vínculo especial.

Esta distinción entre monitores estables y monitores esporádicos, viene a replicar la distinción que tenemos en el seno de la organización de Ágora, entre organizadores estables (los miembros del equipo de trabajo) y organizadores esporádicos (voluntarios y colaboradores varios).

Para llegar a la situación actual – un equipo de trabajo estable de unas 10 personas -, hemos tenido que pasar por varios equipos organizativos, desde el primero que fue creado a principios del año 2006 hasta el último (“equipo-núcleo”) que funcionó el año pasado.

Este equipo organizativo de Ágora está basado en las reglas siguientes: 1- es un equipo abierto a cualquier persona que quiere implicarse en él 2- sus miembros firman un compromiso de voluntariado con unas reglas establecidas que podéis consultar en anexo de este e-mail. Con este equipo organizativo estable, seguimos valorando y agradeciendo muchísimo la aportación más puntual de otros colaboradores y voluntarios en la organización de Ágora.

Queda por evocar la figura de los socios. El concepto de socios y su realización han variado bastante en la historia de Ágora. Hoy en día proponemos que, al igual que los monitores y organizadores estables, los socios sean participantes que se implican un poco más que la mayoría de las personas que acuden a Ágora. Su compromiso podría formalizarse mediante la calidad de “socio” y el pago de una cuota económica, distinta a la cuota común de los participantes en general.

De esta manera, son tres las personas que comparten la responsabilidad del mantenimiento y crecimiento de Ágora: los monitores estables, los organizadores estables y los socios. (A efecto legal, los tres constituyen el grupo de los “socios de Ágora”).

Ágora, ¿proyecto común o proyecto personal?

A veces la duda asalta a más de uno, a mí también de vez en cuando: ¿Es realmente Ágora un proyecto común? Si tomé yo la casi totalidad de las decisiones importantes en Ágora, ¿no será un proyecto personal?

Otra duda que me asalta muy a menudo: si Ágora es un movimiento que interesa a tanta gente, ¿cómo es posible que después de 10 años haya todavía tan pocas iniciativas en Ágora que no salgan de mí – me refiero a encuentros, fines de semana, festivales, etc.?

Es posible que no tengamos en Ágora mecanismos lo suficiente estables y visibles como para permitir que nazcan iniciativas nuevas; es posible también que no haya la claridad suficiente entre un proyecto común y un proyecto personal; y por último es posible que la gente que tenga capacidad de iniciativa busque promoverlas por si mismos, fuera de Ágora. Todos estos factores interfieren entre si y se refuerzan mutuamente.

Ágora tiene muchos defectos, y podemos dudar de la calidad del compartir de muchas personas en Ágora, por supuesto el mío incluido. Pero no podemos dudar de que el compartir sea el propósito en Ágora. Incluso, ahí está la fuerza de Ágora y posiblemente su único interés para nosotros. ¡Que nuestros límites personales no nos dejen engañarnos y desechar un proyecto que está formado por una parte íntima de cada uno de nosotros.

Ahora bien, si tenemos a nuestra disposición un proyecto que se distingue de muchos otros por su alto componente humano y con el que comulgamos en nuestro interno, ¿no conviene acaso apostar por él y ayudar a que se fortalezca en su rumbo?
Y las debilidades que se muestran a veces al respecto, ¿conviene castigarlas separándonos del proyecto, o aportar nuestro granito de arena colaborando a que se transformen poco a poco?

¡Os invito pues a participar activamente en NUESTRO proyecto, no desde el consumismo pasivo o el solo interés individual, y sí desde la corresponsabilidad, la consciencia del estilo de vida al que aspiramos y la sociedad que queremos vivir, y estoy seguro de que eso nos ayudará también a que otras personas con capacidad de iniciativa tengan su lugar en Ágora!

 


Sobre la economía en Ágora

Desde sus inicios, en el año 2000, Ágora se define como un proyecto de naturaleza cooperativa que se asemeja a una comunidad abierta cuyos participantes comparten en lo humano y aportan su granito de arena personal para construir juntos un espacio de confianza, libertad y apoyo mutuo.

Una característica a destacar es que la riqueza que contiene Ágora es la que aportan sus miembros, es decir, cada uno aporta según sus talentos, aspiraciones y necesidades, ya sea con iniciativas propias, habilidades varias, participación o, incluso, con su mera presencia. De esta manera, se crea entre todos un Ágora cuyos recursos y realizaciones dependen complementamente de sus integrantes.

Por otra parte, las actividades que se generan en el seno de Ágora se desempeñan sin dar lugar a vínculos económicos entre sus miembros. Tanto los intercambios como las funciones se llevan a cabo exclusivamente de forma voluntaria. El equipo organizativo es voluntario y los monitores no son retribuidos económicamente. Los precios de actividades corresponden a gastos derivados de necesidades externas, y las remuneraciones que puede haber en ciertos casos concretos se deciden para algunos servicios o tareas de utilidad común.

Además, las actividades no gratuitas que se decida hacer en colaboración con personas externas a Ágora, se llevan a cabo con la intención de beneficiar o bien directamente a los usuarios de Ágora o bien al fondo económico común de actividades que pertenece a todos los que estamos en Ágora.

Si bien de cara a la gestión interna no hay intercambios económicos de por medio, de cara a nuestros compromisos con algunos agentes externos (web, publicidad, seguro, etc.), los miembros de Ágora han de contribuir cubriendo entre ellos los gastos generales de la organización, para así garantizar la sostenibilidad de la misma.

Por eso, tomando consciencia de la importancia de este tema, y en un momento en que el tamaño actual de Ágora y los gastos generales externos que genera lo hacen más que necesario, queremos hoy regularizar un punto clave en la concepción de Ágora: que todos sus miembros contribuyan a la sostenibilidad del proyecto, ya sea con una contribución económica o bien de otra manera.

En el pasado, este tema se abordó de varias maneras (cuota de socios, superávits de festivales, donativos de miembros), pero nunca se planteó con la coherencia y estabilidad necesaria.

Ya que los monitores aportan de forma voluntaria con sus actividades y talleres, no remunerados, y los organizadores contribuyen con su trabajo voluntario, no remunerado, se propone pues que los participantes aporten una contribución económica fundamental para el mantenimiento de la asociación, ya sea en cuota de socio o de forma más libre.

Se propone además comunicar trimestralmente a los miembros de Ágora el importe de los gastos e ingresos, con el fin de que estén mejor informados de las necesidades de Ágora y de cómo funciona la asociación. Algunos ejemplos de gastos generales serían el mantenimiento de la página web (cuyo coste asciende a 350 euros/año), los costes de publicidad (700 euros/año), el seguro de responsabilidad civil (700 euros/año), el teléfono y gastos varios (250 euros/año), o sea, una estimación actual de 2000 euros anuales.

En breve expondremos cómo pensamos comunicar a los integrantes de Ágora las diferentes formas de esta contribución económica, así como la razón por la que se precisa. Estamos abiertos a vuestras sugerencias al respecto.